Los Parques Nacionales

‘El sonido de los Parques Nacionales’ es una serie de reportajes sonoros, un recorrido de 12 meses por los 15 espacios naturales más emblemáticos de España, cada uno en su mejor momento.

 

La nieve del invierno aún se acumula en las montañas, resiste en el suelo de los bosques más altos. Pero el aire tibio de mayo ha liberado las copas y por la atmósfera corren las voces de las aves forestales. En los pinares más expuestos del Puerto de los Cotos, en las laderas de Valsaín y las vaguadas más abrigadas del Valle del Lozoya, se escuchan los parloteos y silbidos de zorzales comunes y charlos, carboneros garrapinos, petirrojos, pinzones vulgares y demás comparsa. Todos parecen acompasados por los tamborileos de los picos picapinos, los pájaros carpinteros que, al tabletear contra los troncos, convierten al bosque en un instrumento de percusión. Unos buscan cortezas gruesas, produciendo un tableteo sordo; otros, atacan los troncos muertos, y su llamada, amplificada por la madera seca, se propaga más lejos. Tamborileos, cantos y silbidos propagan el mismo mensaje, la llegada de la buena estación al Guadarrama.

En las praderas de Casarás, sobre las altas copas de los pinos de Valsaín, se oyen, nítidas, las notas de un zorzal común y los maullidos alargados de un ratonero, una rapaz forestal que sobrevuela el valle. Desde la misma posición, hacia la cresta de Siete Picos, las voces se amontonan, se enmarañan, y en el bosque reina la confusión.

Agua y praderas. Pastos y sestiles en los altos del Valle del Lozoya, las aguas tuertas de Majada Hambrienta o el Puerto de la Morcuera, donde el tintineo de las vacas armoniza con los silbidos rítmicos del escribano hortelano. Retirada la nieve, del suelo emerge el rascar de los saltamontes. Por encima, a falta de pinos en los que posarse, las alondras parlotean incansables colgadas en el aire.

Cae la tarde en Valsaín, Val de Sabin, el Valle de los Pinos. La nieve de Peñalara refleja la luz rojiza del sol poniente. Un corzo ladra ladera abajo. Es la hora del cuco. Más tarde, la misma nieve refleja la luz fría de la luna llena. Un ronroneo continuo ocupa el fondo sonoro; es la suma de miles de grillos, cientos de anfibios y algunos chotacabras grises, aves de la noche. Es la hora del cárabo.

Publicado originalmente en la sección de Ciencia y Salud del diario elmundo.es

http://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2018/05/13/5af5ac07e2704ef9498b45ad.html