En compañía de las grullas

El fuerte viento expande un griterío por los alrededores de la laguna de Gallocanta.

Al sur de la cuenca inundable, lejos del agua y cerca de la localidad de Bello, unas discretas casetas de madera estratégicamente colocadas sirven a los fotógrafos naturalistas –y, ya puestos, también a algún sonidista- para observar de cerca a unas pocas de las decenas de miles de grullas que invernan en estos fríos parajes.

Para atraer a estas aves, en las horas previas al alba los observadores esparcen alrededor de las casetas grandes cantidades de cebada; el suelo amanece tapizado; los fuertes vientos racheados diseminan el grano: las grullas se dejan fotografiar y a cambio cobran su salario.

Pero no son las únicas en responder a la oferta. En un largo día de observación, entre las patas de las grullas, sobreponiendo sus voces por encima del griterío reinante, numerosas especies acuden a hacer su cosecha.

La abundancia hace que se rompan todas las barreras y convivan pacíficamente aves provenientes de diferentes hábitats: patos azulones y demás aves acuáticas; zarapitos reales como representantes de las aves de los limos; bisbitas alpinos que bajan de las zonas altas para invernan en las estepas más frías de España… No pueden faltar los ubicuos córvidos y los estorninos negros, por bandadas, a quienes tanto les da un páramo que una arboleda.

Y toda esta reunión de comensales tiene lugar mientras a su alrededor las grullas, siempre envueltas en su propio ruido, picotean, gritan, se revuelven contra el viento y convierten sus peleas en estilizadas y ruidosas danzas.

Publicado en el audioblog El sonido de la naturaleza, el sábado 28 de enero de 2017.

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elsonidodelanaturaleza/2017/01/27/en-compania-de-las-grullas.html

Sobrevolando el otoño

Bosques mixtos en los alrededores de La Granja, en Segovia.

Una franja continua de árboles poblada de voces pasa bajo nuestro punto de observación. El tapiz está formado por una masa de pinos silvestres, robles melojos, alisos, chopos lombardos, álamos, cedros, cipreses y hasta algún haya. Y sobre sus copas, entre las ramas o desde el suelo, bajo las sombras, se oyen los reclamos de los más tenaces del otoño: el martilleo de los mirlos, los trinos y crepitares de los petirrojos, el carraspeo de un chochín, el reclamo regañante de un carbonero común, los silbidos de un bando de estorninos, el tuiteo de los trepadores azules, unos graznidos ásperos de arrendajos, las voces rotas de cornejas y cuervos, los gritos restallantes de grajillas y chovas piquirrojas…. El otoño en los bosques llega a su fin. Pronto nevará y el silencio blanco envolverá el paisaje sonoro. Pero, mientras duren los colores, durarán las voces forestales del otoño.

Guías de aves

She laments, sir(…)

her husband goes this morning a-birding.

 William Shakespeare, The merry wives of Windsor

Sólo hay algo que le guste a un naturalista tanto como las propias aves. Las guías de aves.

Pequeños libros ilustrados, a menudo del tamaño de un bolsillo, en los que, ordenadas sistemáticamente, rebullen cientos de aves, sus imágenes, mapas, descripciones y, ¿por qué no?, sus voces y cantos.

Guías siempre gastadas, desencuadernadas, llenas de anotaciones, manchadas por el uso en mil excursiones que empiezan al amanecer y terminan con el crepúsculo. Excursiones que, gracias a ellas, se prolongan un rato más en casa, mientras las manoseamos al repasar la cosecha del día.

Hay guías de todo tipo. Generalistas, dedicadas a todas las aves de una región geográfica; o especializadas en grupos concretos, como anátidas, rapaces, aves marinas o nidos y pollos, entre otras. Cada aficionado a las aves tiene su propia colección, sus preferencias. La más famosa es la Guía de campo de las Aves de España y de Europa, la célebre y apreciada guía de Roger Tory Peterson, que abre con la cita de William Shakespeare que se recoge más arriba. Aunque para mí la “guía” siempre ha sido la de Hermann Heinzel.

Las imágenes que ilustran este blog proceden de una de las más bellas, el Manual de las Aves de Europa de Lars Jonsson, editada, como casi todas, por Omega.

Para quien quiera escucharlo, el concierto de las aves también resuena entre las páginas de las guías de campo.

Comederos de pájaros

En otoño comienzan los tiempos de escasez . En los bosques, sobre todo en las montañas, los pájaros se reúnen en bandadas y deambulan sin descanso en busca de comida. En el borde de un pinar, en un jardín, unos comederos artificiales, bien provistos de pipas de girasol y bolas de grasa con semillas y trozos de fruta, atraen la atención de todos los habitantes de un amplio sector del bosque.

Cualquier recipiente vale para una comida apresurada: espirales para las bolas de sebo, tubos de rejilla para las pipas, casetas de madera, pero también cocos, piñas y hasta medias naranjas vaciadas, sirven para dar de comer al hambriento.

Esta especie de comedor social lleva ya varios meses abierto, por lo que las aves aceptan sin reparo la proximidad de unos micrófonos. A través de ellos oímos hasta los más mínimos detalles del vuelo, las garras y las voces de los comensales.

Con tiempo seco o bajo la lluvia, en días tranquilos o en plena nevada, sobra la comida y la actividad es intensa, tanto que el sonido principal es el zumbido de las alas menudas al batir. A lo largo de varios días de observación la lista de invitados incluye trepadores azules, carboneros comunes y garrapinos, herrerillos comunes y capuchinos, lúganos, mirlos y petirrojos.

Escondidos tras las cañas

Vuelo rasante sobre un cañaveral. Un vocerío emerge de entre carrizos y espadañas. En pocos sitios las aves se esconden tanto y a la vez se manifiestan tan claramente.

Como telón de fondo, el roce de los carrizos y el zumbido de una buscarla unicolor, un pájaro que parece un insecto.

Entre las cañas gruñen y chillan los calamones, trompetean las fochas, chillan las cigüeñuelas, relinchan los zampullines. Y cuando la masa de carrizos se espesa, todo el paisaje sonoro se resume en esto: el matraqueo de los carriceros comunes y tordales.

Ornitofonías

Una ornitofonía es la voz de un ave. Las aves tienen su canción; cada especie la suya, más o menos definida, variable según las áreas geográficas. Desde las notas simples y espaciadas de, por ejemplo, abejarucos y gorriones, hasta el parloteo enmarañado de verdecillos y chochines; entre otras. Pasando por las repeticiones rítmicas de los carboneros comunes, o las frases melódicas, de notas entrelazadas, de pájaros como el ruiseñor pechiazul, mucho mejor definidas en la melodía nocturna de los auténticos titulares del nombre, los ruiseñores comunes.

Pero si las aves tienen su canción, también tienen su caligrafía. Los sonogramas son, claro está, la representación gráfica de los sonidos. Cada nota, cada frase, aparece como un trazo, una línea recta, un brochazo que dibuja una modulación de frecuencia. Trazos limpios o confusos, según la voz a la que represente. Los trazos de la canción.

Concierto para mirlo y percusión

Los mirlos ponen la melodía. Los carboneros comunes el ritmo. Los picamaderos negros la percusión. De las gargantas de los primeros salen frases melódicas, notas líquidas y aflautadas, intervalos musicales. Los carboneros repiten rítmicamente sus notas simples. Y al tamborilear,  los pájaros carpinteros utilizan los troncos como instrumentos de percusión.

Cada una de estas especies forestales  canta y reclama por sus propios motivos. Ninguna pretende que sus sonidos armonicencon los de otros habitantes del bosque. Pero todas sus voces juntas, sin más dirección que el azar, se entremezclan en el aire y forman el concierto del bosque. Un concierto para mirlo y percusión.

La voz es la frontera

Desde el suelo, la maraña de los cantos de las aves forma un concierto, una música natural, armoniosa, pero de significado incierto.

Cambiar el punto de vista ayuda a comprender algo mejor las cosas. A vista de pájaro, desde el aire, el bosque se convierte en un tapiz sobre el que se libra una batalla vocal, incruenta pero con toda determinación. Las aves disputan, a voces, por los límites de sus territorios de cría.

La voz es la frontera. El montaje sonoro es una reconstrucción idealizada, sin base en ningún estudio concreto sobre el uso del territorio, pero que bien puede representar una situación real de convivencia en un bosque. Predominan los trinos potentes, desflecados, de tres pinzones vulgares, cada uno desde su árbol buscando los límites de su canción.

Más abajo, en las marañas del suelo y a la sombra de un pino, canta una curruca capirotada. Y aunque su territorio se solape, no interfiere de ninguna manera con el del pinzón.

La percusión también vale para trazar fronteras. Cuatro picos picapinos delimitan con sus tableteos las cuatro esquinas del bosque.

Y desde el centro de la arboleda emerge un grito agudo, apresurado: nadie le disputa sus dominios al azor.

De vuelta a la tierra la perspectiva cambia y las peleas por el territorio se convierten de nuevo en la suave música de la naturaleza.

Gaviotas en el Manzanares

Ecos del mar al pie de La Pedriza, en Madrid

El embalse es Santillana; el río que lo alimenta el Manzanares, que fluye desde el macizo granítico de La Pedriza. El lugar está en las estribaciones del Guadarrama, en Madrid. El  mar no puede estar más lejos. Y, sin embargo, un  griterío con resonancias costeras rellena cada tarde la inmensidad de este espacio vacío.

Decenas de miles de gaviotas, reidoras y sombrías, se concentran en estas aguas para pasar los meses de otoño e invierno. La comida que desecha cada día una ciudad como Madrid es un reclamo demasiado poderoso y las gaviotas acuden siguiendo el curso de los ríos. Y cada día siguen la misma rutina: una vez alimentadas, abandonan la fealdad de los basureros, situados al sur de la ciudad,  para descansar en las aguas limpias de la sierra.

Las orillas abiertas del embalse son, además, la mejor barrera de protección contra cualquier intruso.  Pero aún así, a veces, algo les asusta. Gregarias por naturaleza, basta con que una recele para que la alarma se propague a toda la bandada. Y el griterío de mil aves asustadas sube de escala.

Cuando empieza a caer la tarde, a virar la luz hacia los tonos rojizos, toda la lámina del embalse rebosa de aves; las gaviotas comparten aguas con somormujos lavancos, fochas y patos azulones. Por el fango de la orilla chapotean archibebes comunes y garzas reales. Y en los prados ribereños se escuchan los reclamos, suaves crujidos, de las agachadizas y revuelan los bandos de fringílidos. Cualquier tarde llegarán las primeras grullas.

Y todo bajo los imponentes paredones del Yelmo, de los muros del castillo de Manzanares el Real. Tan lejos que el mar no se puede concebir.

Publicado en el audioblog El sonido de la naturaleza, http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elsonidodelanaturaleza/2015/10/17/gaviotas-en-el-manzanares.html el 17 de octubre de 2015

El concierto de las aves

En el Día Mundial de las Aves 2015

Las aves tienen su día y también su gran enciclopedia: los diecisiete volúmenes del monumental Handbook of the Birds of the World. Obra mundial de referencia producida por la editorial catalana Lynx Edicions, en colaboración con Birdlife International, la federación que engloba a las principales organizaciones de defensa y estudio de las aves. La gran enciclopedia se cierra con dos volúmenes extra que contienen una completa lista patrón de las casi diez mil especies de aves que habitan el planeta. Algunas de ellas, encaramadas al árbol de la evolución, aparecen ilustradas en una de sus portadas.

Unas cuantas, elegidas al azar, cantan, gritan, silban, reclaman y parlotean.  Y todas juntas al final, interpretan el concierto de las aves. El cant del ocells.

Con la intervención, en orden aproximado de aparición, de garzas, avetoros, halcones, avemartillos, lechuzas, tucanes, pájaros ratón, carracas, trogones, cálaos, serpentarios, águilas pescadoras y harpías, avefrías, ostreros, alcaravanes, págalos, gaviotas, gallinas de Guinea, dromas, faisanes, kiwis, varias especies de patos, gangas, tórtolas, flamencos, chotacabras, cucos, vencejos, rascones, colimbos, paíños, fragatas, piqueros, cormoranes, cacatúas, guacamayos, grullas y el tamborileo de los pájaros carpinteros, entre otros muchos.

Publicado en el audioblog El sonido de la naturaleza, el 3 de octubre de 2015 http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elsonidodelanaturaleza/2015/10/03/el-concierto-de-las-aves.html

Gracias a Josep del Hoyo y Lynx Edicions

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